Vengo ante ti, para conversar...
Sí, sé que siempre estás ahí, disponible y atento a escucharme.
Sí, también lo sé... en ocasiones, soy yo quien no hace silencio para escuchar tu voz...
No quiero pedirte nada, solo quiero darte las gracias, Señor, por guiarme y por ser mi refugio en todo momento de mi vida. No sé qué haría sin ti, Dios. No sé qué haría sin tu misericordia rodeándome cada día y cada instante.
Gracias, por llevarme de tu mano y no soltarme nunca. Gracias, porque aunque yo me equivoque, tú siempre estás allí para perdonar mis fallas y ayudarme a continuar el camino.
Confío y confiaré siempre en ti, Señor. Creo en ti y en tu presencia que me inunda cada día, con su infinito amor.
Gracias, Señor Jesús.
Amén.
Alicia Triviño
-Todos los derechos reservados-.

Comentarios
Publicar un comentario