Juzgamos, juzgamos y juzgamos...
Los seres humanos, generalmente en cualquier circunstancia lo primero que hacemos es juzgar sin indagar.
Detrás de cada persona hay una historia que no conocemos, quizás ha pasado por circunstancias que ni uno mismo ha vivido, ni tan siquiera un poco... ¿Cuántas veces hemos conocido a una persona y sin haber tenido alguna conversación con ella, ya la estamos juzgando? Luego, cuando nos damos la oportunidad de conocerla, comprobamos que no era como pensábamos o como nos habían dicho que era... Siempre nos dejamos llevar por lo que los demás nos dicen de alguien, pero finalmente nos damos cuenta de que era totalmente diferente a lo que nos habíamos planteado en nuestra mente.
Hay diferentes tipos de personas; entre ellas está aquella que es tímida, pero como pasa todo el tiempo aislada, lo primero que pensamos es: "Que odiosa, ¿qué se cree?..." o tal vez por el hecho de aislarse no quiere decir que sea tímida, ni tampoco creída, simple y sencillamente es una persona que aunque tenga una buena relación con los demás, en ocasiones prefiere estar aparte. Debemos de respetar las maneras de ser de los demás, sin señalarlos o etiquetarlos; más bien, si conocemos a alguien así, ya sea en la escuela, colegio, universidad o en el trabajo, acerquémonos con cariño y tratemos de ofrecerle nuestra amistad, a lo mejor esa persona necesita hablar con alguien... no discriminemos, ni mucho menos nos burlemos de los demás porque según nosotros "no encaja", una palabra a tiempo puede hacer la diferencia en una persona que a lo mejor está luchando en su interior con muchas cosas que no le permiten desarrollar su personalidad como debería.
"Cada cabeza es un mundo" decía mi abuelita... y con el tiempo me he dado cuenta que definitivamente ella tenía mucha razón; cada cabeza es un universo, el cual sólo conoceremos si nos dan permiso de entrar y viajar alrededor de él.
Alicia Triviño
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